Tal como me recomendó la ginecóloga, empecé a tomar el Omifín. Tuve que esperar a que me llegase la regla de manera natural, lo cual me llevó unos meses, y entonces tomar las pastillas durante 5 días a partir del segundo día de regla. Después de eso, iba a la consulta a que me hiciera una ecografía para ver cuántos folículos tenía y el tamaño de los mismos.
Es importante que este proceso se haga siempre con un ginecólogo ya que entre otras cosas, existe el riesgo de que varios folículos maduren y por tanto tener un embarazo múltiple. En mi caso, siempre respondía muy bien y conseguía la ovulación. ¡Estabamos en el camino! Ella nos decía los mejores días para tener relaciones y nosotros cumplíamos con los “deberes”.
Pasaron un par de meses sin éxito y ahí ya empezamos a leer, me bajé una aplicación en el móvil para controlar los días de la regla (muy recomendable si eres irregular porque así cuando vas al gine y te pregunta no te quedas con cara de póker como hacía yo, que siempre he sido un desastre para eso) también anotaba los días en que teníamos relaciones y cuántas veces. Al final era algo en lo que nunca había querido caer para no acabar haciéndolo como por obligación, cosa que le había oído a otras parejas, pero bueno… es lo que había que hacer y la verdad que en nuestro caso pocas veces fue así, intentábamos no limitarnos a esos días y no perder la “naturalidad” a pesar de que hubiera unos días marcados.
Al tercer mes de estar tomando el Omifín, y el día que la gine nos dijo de tener relaciones, me compré en la farmacia el test de ovulación marca Clearblue. Me hacía ilusión ver la carita sonriente aunque no fuera de un test de embarazo, y también por creérmelo, porque me daba la sensación de que en realidad no ovulaba. Pues bien, enseguida apareció la carita sonriente:

¡Vaya subidón! Recuerdo que nos coincidió fin de semana y ahí si que hicimos los deberes con y sin obligación jejejej. Un montón de veces, y poniendo en práctica todo lo que habíamos leído… que mi marido se duchase antes con agua fría, yo después de cada vez me quedaba con las piernas en alto apoyadas en la pared… en fin, que cumplimos todo lo que pudimos. Estábamos convencidos que esta vez lo conseguiríamos. Pero no fue así.
Cuando pasamos 4 meses con el tratamiento, la ginecóloga nos dijo que aunque lo habitual era estar 6 meses, debido a mi edad y a que en realidad si conseguía la ovulación, creía que lo más conveniente era no hacernos perder el tiempo y que consultásemos con una clínica de reproducción asistida y que nos hicieran pruebas a los dos. Salimos de la consulta bastante tristes pero convencidos de que lo íbamos a conseguir. Al fin y al cabo si teníamos que recurrir a una in vitro…¡teniamos a mi equipo de fútbol esperándome!