Los días previos a la transferencia de embriones

Era Junio de 2019 cuando realizamos la primera transferencia de embrión. Yo tenía congelados 31 ovocitos de hacía 5 años, por lo que me dijeron que podíamos tener un intento rápido descongelando parte de ellos y fecundándolos sin tener que pasar por una estimulación y extración de nuevo, y así lo hicimos.

Antes de descongelar los óvulos, tuvimos que hacer otra ronda de pruebas médicas.

Mi marido, además del seminograma que ya se había hecho, se realizó una serología y estudio de cariotipo (análisis cromosómico para poder detectar posibles enfermedades congénitas).

Por mi parte un hemograma, estudio de la coagulación, serología y rubeola, además de una citología y ecografía mamaria. Como mi prueba de la histerosalpingografía no había sido concluyente, me invitaron a repetirla. ¡Y cual fue mi sorpresa cuando me dijeron que mis trompas eran totalmente permeables! Con el disgusto que me había llevado con la otra clínica. Sentí mucho enfado la verdad. Como iréis viendo a lo largo de mi historia, la verdad es que la búsqueda de un bebé con un pronóstico de infertilidad, pruebas médicas y proceso de FIV es una montaña rusa de emociones, de alegrías y disgustos, y es muy muy importante intentar mantener el objetivo claro, la mente lo más senera posible y que la pareja os apoyéis muchísimo el uno en el otro.

Pues bien, una vez realizadas las pruebas procedieron a hacer la fecundación de los óvulos. Decidimos descongelar 15 y como a mi marido le había salido en el seminograma un poco bajo el tema de la morfología, utilizamos una técnica denominada IMSI, mediante la cual se seleccionan los mejores morfológicamente para fecundar. Ya que ibamos a pasar por todo el proceso, quedarnos con los mejores de la clase ¿no? Es algo que os recomiendo hacer, no es muy costoso y llegados a este punto aumenta un poco la posibilidad de obtener embriones de más calidad.

En nuestro caso nada más comenzar, nos llevamos el primer chasco. De los 15 óvulos, tan sólo sobrevivieron 9 a la descongelación que posteriormente procedieron a fecundar. ¡Habíamos perdido 6 de golpe! Nos dijeron que entraba dentro de lo normal, que al ser congelados las tasas son algo peores que los «frescos». En fin… nos quedaban 9 que no era un mal número, y cómo nos dijeron en la clínica «en realidad sólo necesitais uno para poder conseguirlo». Así que nos focalizamos en ese pensamiento positivo y más en los que nos quedaban que en los que habíamos perdido.

¿Y cuál era el siguiente paso? ¿Cuándo me implantarían el embrión para intentar nuestro sueño? Pues dependiendo de la evolución de los embriones, el especialista permitirá que se desarrollen hasta el día 2, 3, 5 o 6 antes de realizar la transferencia embrionaria. Los embriones en día 5 y 6 son los denominados blastocistos y lo más deseable es llegar a esos días ya que tienen más posibilidades de éxito. Además, los embriones y blastocistos están clasificados según su calidad (tipo A, B, C y D) y en función de esa clasificación también te dan más o menos probabilidades, aunque cómo me dijeron a mi, hay que intentar no obsesionarse con eso, ya que en realidad no sabemos cuántos de nosotros hemos sido un embrión tipo A o tipo D y todos en realidad tienen probabilidades. La teoría es esa, pero luego es difícil no pensarlo la verdad.

Tengo que deciros que vinieron unos días que a mi personalmente me costaron bastante. Cada día recibes una llamada de la clínica y te van diciendo cuántos embriones te quedan y cuántos se han parado. Estaba cada día en el trabajo esperando esa llamada con bastantes nervios y cada vez que veía el número de la clínica se me ponía el corazón a mil. Mi marido y yo trabajamos juntos, así que siempre iba a buscarle y nos metíamos en una sala de reuniones a poner el móvil en altavoz y escuchar «la sentencia» porque era algo así.

El primer día nos llamaron y nos dijeron que nos quedaban 5 embiones. Madre mía ¿sólo 5? se habían reducido prácticamente a la mitad. Si seguíamos a ese ritmo tenía miedo de que nos quedásemos sin ninguno. Fue imposible no llenarse de miedos ese día la verdad. Les pregunté si podía saber de qué tipo eran y me dijeron que hasta el día 3 no podían decirte la clasificación. Asi que nada, no nos quedó otra que tomar aire de nuevo y esperar a la llamada del segundo día, intentando mantener el ánimo lo más alto posible y confiar en nuestros embrioncitos.

La llamada del día siguiente fue un gran respiro ya que nos dijeron que seguían adelante los 5. De hecho nos dijeron que uno se había parado y otro reactivado, cosa que me sorprendió. Pero bueno, ¡¡lo importante es que seguiamos con el mismo número!!

El tercer día quedaban 3 y ya nos dijeron la clasificación, uno de cada tipo: A, B y C. Aquí había que tomar una decisión importante. Dejarlos aqui y ponerme uno (o dos los que decidiésemos) y congelar el otro, o intentar que se desarrollasen dos días más para llegar a blastocito, estado en el que tienen más oportunidades, pero también nos arriesgabamos a perderos claro. Puffff, ¡qué difícil! Mi marido y yo nos mirábamos y no sabíamos qué decidir. Le pedimos opinión al embriólogo y nos dijo que su recomendación era ir adelante, así que esperamos lo que se nos hicieron dos interminables días y finalmente recibimos la llamada: nos quedaban 2, el B y el C. Sorprendentemente se había parado el A! Esa fue también una desilusión, pero para que veáis que al final hay que intentar no obsesionarse mucho con la clasificación, porque nunca se sabe.

Después de un camino largo y difícil, teníamos nuestros dos blastocitos listos para transferir. ¡Qué ilusión! Sentí que los quería ya, podian ser futuros hijos y que nuestro sueño estuviera más cerca… así que fuimos a por el siguiente paso: la trasnferencia.