Segunda transferencia de embrión

Después del negativo de nuestro primer intento de transferencia de embrión, me bajó la regla a los pocos días y ya empezamos a pensar en ir a por el segundo intento con el blastocito que nos quedaba cuanto antes.

La verdad, a mi me desanimaba un poco el hecho de que fuera un C, pero intentaba centrarme en lo que me habían dicho de que no sabemos quiénes de nosotros hemos sido A, B, C o incluso D y al final, todos tienen alguna probabilidades. Asi que… ¿por qué no confiar en el?

Al siguiente mes volvimos a intentarlo de nuevo. Empecé a tomarme la medicación para lograr que el endometrio (o la cunita como solía decir nuestra ginecóloga) estuviera preparado. Básicamente te tienes que poner progesterona y estrógenos. En mi caso tenía que ponerme unos parches que cambiaba cada 2 días, luego iba a mi ginecóloga en Asturias para hacerme una ecografía y la enviaba a la clinica de Madrid, asi evitaba tener que hacer el viaje, lo habitual es que todo ese proceso se haga en la clínica de fecundación donde te hagas el tratamiento. Cuando el endometrio consigue un grosor de entre 7 a 10 mm se supone que es el momento óptimo para que el embrión pueda implantarse. Asi que una vez que llegué a los 7mm, preparamos el viaje a Madrid.

De nuevo los nervios de la primera vez. Esta vez bebí menos agua, porque la primera llevaba la vejiga demasiado llena y al final lo pasé mal, ya que después de la transferencia del embrión te quedas unos 20 minutos tumbada y yo pensé que me orinaba encima literalmente! Asi que os recomiendo que controleis ese tema.

De nuevo tumbada en la camilla, con toda la ilusión y los nervios, y mi marido cogiéndome la mano, el embriólogo nos enseñó esta vez no un vídeo, sino una foto del único blastocito que nos quedaba. En ese círculo de células estaban depositadas todas nuestras ilusiones y deseabamos con todas nuestras fuerzas que esta vez saliera bien.

Volvimos a Asturias y de nuevo el reto de vivir la betaespera con la mayor tranquilidad posible. Aunque claro, esta vez después de haber vivido un negativo, costaba un poquitito más. Eso sí, nunca perdimos la ilusión ni las ganas. Pasaron las dos semanas y justamente teníamos la fiesta de verano de la empresa en la central de Madrid, asi que aprovechamos el viaje y esta vez la prueba en sangre me la hicieron en el laboratorio de la clínica. Me dijeron que me llamarían a lo largo de la mañana. Pufff qué día más intenso. Nosotros trabajábamos toda la mañana y a las 15.00 acabábamos la jornada laboral y empezaba la fiesta. Me costó muchísimo concentrarme en el trabajo lo reconozco. Pasó toda la mañana y no me habían llamado y yo ya no podía más. Justamente a las 15.00, cuando estabamos todos apagando los ordenadores, me llamaron y me dieron la noticia: negativo. Esta vez me mandaron repetir la beta porque salia bajita y había una pequeña esperanza de que pudiera subir, aunque me dijeron que contase con ella como negativo, ya que era muy bajito el resultado.

Reconozco que ese día se me hizo muchísimo más duro que el anterior negativo. El hecho de que ya era la segunda vez, y nos habíamos quedado sin embiones, se sumaba que estaba rodeada de gente y tenía que estar aparentando estar bien. Comimos super rápido yo dije que me encontraba mal y me fui al hotel. Me tiré toda la tarde llorando si os soy sincera. No podía dejar de pensar que existia una posibilidad de que nunca llegase a conseguir ser madre, y eso me aterraba la verdad.

Dos días después, ya en Gijón, repetí la beta y me confirmaron que efectivamente había bajado por lo que era un negativo como ya me esperaba. Recuerdo que era miércoles y me cogí el jueves y viernes de días de vacaciones, no me veía con fuerzas para trabajar. Era Agosto, hacía bueno, así que fui a la playa, caminé mucho por el mar, escuché música y me prometí a mi misma que no iba a decepcionar a mi yo de 35 años que con tanta ilusión había congelados esos óvulos. Esto era una piedra más en el camino y ya se sabía que el proceso de FIV iba a ser difícil, y en muchas ocasiones es largo. Asi que… a tomar aire y comenzar de nuevo. «Cada día que pasaba nos acercaba más a conseguirlo» Tenía que seguir viéndolo así.

Consultamos a la clínica cuál era el siguiente paso a realizar. Me quedaban 16 ovocitos congelados, pero en vista de todos los que había perdido al descongelar la primera tanda, y teniendo en cuenta que en las pruebas que me había hecho ahora todavía tenía bastante reserva ovárica, me recomendaron volver a pasar por un proceso de estimulación para extraer ovocitos ahora y tener más de los que partir.

Esto suponía otra cuesta arriba en el proceso, en parte por el coste económico que suponía, y por otro lado por volver a pasar por la estimulación, pinchazos y carga hormonal que suponía. Sólo de pensarlo, me daba bajón.

Pero sinceramente, nunca llegamos a plantearnos parar. Ibamos a seguir adelante y tarde o temprano lo conseguiríamos. Cuando volvía a mi mente el miedo de si no lo iba a conseguir nunca, lo apartaba rápidamente de mi mente e intentaba centrarme en otra cosa. «Cada día que pasaba era uno más cerca de conseguir nuestro sueño»