Primera transferencia de embrión

Teníamos 2 blastocitos, uno de categoría B y otro C. La siguiente decisión, fue si implantarse tan sólo uno o los dos. La verdad, nosotros habíamos pensado poner los dos. Yo ya tenía 39 años y siempre habíamos pensado que nos gustaría tener dos hijos. Asustaba un poco tenerlos a la vez, pero los hermanos de mi marido tienen ambos mellizos, lo hemos vivido cerca, y sabiamos que aunque es duro, se puede. Y así, aumentábamos las posibilidades y no teníamos que congelar uno.

No obstante, cuando hablamos con la doctora de la clínica nos recomendó que pusiéramos sólo 1. El motivo es que al final un embarazo múltiple tiene mayores riesgos para la madre y los bebés, y muchas más posibilidades de nacer sin haber llegado a término. En eso también teníamos el ejemplo cerca. Mis sobrinos habían nacido 7 mesinos y se pasaron un tiempo en incubadora, con tan sólo 1 kilito cada uno. Afortunadamente todo salió bien porque son unos campeones y ahora están estupendos, pero no es ninguna tontería. En el caso de mis cuñados, había sido algo natural, pero… ¿y si decidiamos ponernos los dos en contra de la recomendación médica y luego había alguna complicación? Decidimos que no queríamos correr ese riesgo asi que me implantarían el embrión B y congelamos el C.

Llegó el día de la transferencia y aunque soy una persona bastante tranquila, la verdad es que los nervios eran imposibles de controlar. Comentarte que es importante no llevar cremas ni perfumes ni esmaltes de uñas (parece que a los embrioncillos no les gustan los olores fuertes). Te dicen que vayas con la vejiga medio llena ya que la transferencia te la hacen mientras te hacen una ecografía y si la vejiga está llena les deja ver mejor el útero y la cánula que utilizan para introducir el embrión.

La verdad, pensaba que sería un procedimiento mucho más frío pero me pareció muy bonito. Mi marido entró conmigo, recuerdo que nos dijeron que nos pusiéramos los típicos patucos y gorro de quirófano y de los nervios yo me puse un patuco en la cabeza y el gorro en un pie, y mi marido el gorro al revés. Nos reimos un montón lo cual por un lado, ayudó a rebajar la tensión del momento.

Después de eso, yo me puse en la camilla y mi marido a mi lado dándome la mano. Llegó primero un embriólogo que nos enseñó en la tablet un vídeo de nuestro blastocito. ¡Me pareció precioso!

Imagen de un blastocito de 6 días.

Desde el día 1, teníamos el vídeo de cómo iba pasando de una sóla célula a varias hasta llegar al día 5. Pensé en ese momento que aunque no consiguiera el embarazo por una vía natural como me habría gustado, el poder conocer a mi futuro hij@ desde este punto, no dejaba de ser un privilegio y algo bonito. Después llegó una enfermera con una bandejita en la que llevaba la cánula con el embrión. La ginecóloga leyó en voz alta mi nombre que venía en el plastico antes de abrirlo y procedieron a introducírmelo. Lo vas viendo en el monitor mientras te hacen la ecografía. Fue un momento muy emocionante. Mi marido y yo nos miramos y yo no pude evitar llorar de la emoción. Ves la imagen de la eco con ese puntito dentro y deseas con todas tus fuerzas que se agarre fuerte a ti, que luche y salga adelante. Como nos dijeron ellos, «Hoy habeis venido dos, pero os vais 3».

Otra fase superada. Ahora quedaba otra muy dura también: la betaespera. 15 días interminablemente largos hasta esperar el resultado de la prueba de embarazo, para saber si era positivo o negativo. ¡Cruzamos dedos!