Empezamos el proceso para la fecundación in vitro

Lo primero que pensamos en cuanto supimos que teníamos que ir a hacer fecundación in vitro fue pedir cita en la seguridad social. Es cierto que yo tenía óvulos congelados, pero sabíamos que el proceso podía ser largo y costoso, por lo que quise informarme para hacerlo por la SS.SS y quien sabe, tal vez guardar esos óvulos que tenía para un hermanit@.

Me dieron cita para dos meses después (Junio de 2019, yo ya tenía 39 años y medio) y en la primera consulta, ya descarté el proceso por lo público, ya que me dijeron que en Asturias tan sólo se cubre hasta los 40 años de la mujer. En otras comunidades creo que incluso antes. El motivo es que pasados los 40, se entiende que las probabilidades bajan tanto que ellos no lo cubren. Entiendo que es algo que pagamos entre todos, pero la verdad, me sentí indignada con la medida. Llevo trabajando desde que tenia 20 años ¿no tengo derecho a poder intentarlo? ¿Y si no llego a tener los recursos económicos para hacerlo por privado?

Hoy en día la edad de la maternidad se ha retrasado por diferentes motivos, y si tienes problemas de fecundación puedes pasar unos años hasta llegar al momento de plantearte una FIV. Diréis que me quedaban 6 meses, pero es que la cita para tener la primera ecografía me la daban para dentro de otros 2 meses. Vamos, que yo veía que iba a pasar el tiempo y no iba a llegar y mientras tanto pasando los meses y acercándome más a los 40… de nuevo la presión del reloj biológico. Así que decidimos que íbamos a hacerlo por privado y comenzamos a hacer estudio de mercado, leyendo comentarios sobre distintas clínicas, todas ellas fuera de Asturias, ya que la ginecóloga nos dijo que nos recomendaba totalmente que lo hiciéramos en clínicas con mucha más experiencia que las de aquí.

La primera clínica en la que pensé fue lógicamente en la clínica en la que tenía los óvulos congelados pero había cambiado de seguro médico y nos salía bastante más caro, además cuando llamé para informarme me dio la sensación de que tan sólo me metían miedo con los riesgos del traslado de una a otra. Era un trayecto de 10 minutos, pero me dijeron que siempre el furgón podía tener un accidente y podía perder mis óvulos…lógicamente detrás de todo esto hay un negocio muy grande. Fue la primera vez pero no la última en la que dudé de si los consejos que me estaban dando eran por mi bien o por hacer caja. Es una sensación que me acompañó bastante durante todo el proceso de FIV y otro de los motivos de escribir este blog. Yo tuve la suerte de encontrar a distintos profesionales ajenos a mi proceso y a los que poder preguntarles y me dio mucha tranquilidad. Así que finalmente me dejé guiar por mi instinto y trasladamos los óvulos a otra clínica de Madrid que si tenían acuerdo con mi seguro médico. ¡Madre mía que tensión cuando me dijeron que salían de una clínica para otra! Esperaba que llegasen sanos y salvos

Vehículo en el que quería imaginarme que se estaban trasladando mis preciosos ovocitos

Recuerdo estar en el trabajo pendiente del teléfono todo el rato por si pasaba algo. Ese furgón llevaba un verdadero tesoro para nosotros.

Enseguida me llamaron de la segunda clínica para confirmarme que estaban allí sanos, salvos y congeladitos 😊 Comenzábamos el proceso.

Me recordé a mi misma “cada día que pasa es un día que estamos más cerca de conseguirlo”.